Blog 2 - ¿Cuándo y por qué usamos inteligencia artificial?
¿Cuándo y por qué usamos inteligencia artificial?
La inteligencia artificial dejó de ser una tecnología del futuro para convertirse en una herramienta que millones de nosotros utilizamos todos los días, muchas veces sin darnos cuenta. Está presente cuando buscamos información, escribimos un correo, traducimos un texto, editamos una fotografía o incluso cuando recibimos recomendaciones de contenido en nuestras aplicaciones favoritas, en nuestros “para ti” de las redes sociales
Si, así como lo lees, el “algoritmo” que decide qué contenido ves en redes como Instagram, TikTok, Facebook, YouTube o X utiliza modelos de inteligencia artificial y aprendizaje automático (machine learning). Su objetivo es predecir qué publicaciones tienen más probabilidades de captar tu atención e interacción.
La IA analiza cientos o miles de señales, por ejemplo: Qué publicaciones mirás durante más tiempo, a qué videos les das "Me gusta", qué contenido compartís, qué comentarios hacés, qué cuentas seguís o dejás de seguir, qué temas buscás con frecuencia, qué videos pasás rápidamente, incluso desde qué hora usás la aplicación y hasta el tipo de dispositivo o la calidad de tu conexión, en algunos casos.
Con toda esa información, el algoritmo construye un perfil de tus intereses. Cada vez que abrís la aplicación, la IA evalúa millones de publicaciones disponibles y calcula cuáles tienen más probabilidades de gustarte. Luego las ordena para mostrarlas primero.
Por ejemplo, si durante una semana ves muchos videos sobre cocina y los mirás hasta el final, la IA interpreta que ese tema te interesa y comenzará a recomendarte más recetas, chefs, utensilios de cocina y contenido relacionado. Si después empezás a consumir videos sobre viajes, poco a poco el algoritmo ajustará sus recomendaciones. Hasta este punto, es posible que hayamos estado utilizando la inteligencia artificial sin siquiera darnos cuenta. Pero ¿qué ocurre cuando decidimos usarla de forma consciente? ¿En qué situaciones realmente vale la pena recurrir a un chat de IA? ¿Cuándo puede convertirse en una herramienta que nos ahorre tiempo, simplifique tareas o nos ayude a encontrar soluciones de una manera más eficiente?
¿Cuándo elegimos usar IA?
Las inteligencias artificiales generativas, como ChatGPT, Gemini o Grok, son especialmente útiles cuando necesitamos crear, modificar o analizar contenido.
Por ejemplo, una IA puede ayudarte a escribir textos, artículos o publicaciones, corregir errores ortográficos y mejorar la redacción, traducir documentos a distintos idiomas, generar ideas para proyectos, programar o revisar código, crear imágenes a partir de una simple descripción, editar fotografías mediante instrucciones escritas en lenguaje natural, resumir libros, documentos o investigaciones, organizar información, planificar tareas e incluso aprender nuevos temas de forma interactiva. En lugar de recurrir a una aplicación diferente para cada necesidad, muchas de estas tareas pueden resolverse desde un mismo chat simplemente explicando qué querés hacer.
¿Siempre reemplaza a las aplicaciones? Pues no. Hay programas profesionales que siguen siendo la mejor opción para trabajos muy específicos, como la edición avanzada de video, el modelado 3D, la arquitectura, la ingeniería o el diseño gráfico de alto nivel.
Sin embargo, para el usuario promedio, muchas tareas cotidianas ya pueden realizarse con una IA sin necesidad de instalar múltiples aplicaciones.
Por ejemplo, en lugar de descargar una aplicación para eliminar objetos de una foto, otra para mejorar la resolución, otra para cambiar el fondo y otra para escribir una publicación para redes sociales, hoy es posible realizar gran parte de ese trabajo desde una única herramienta de IA.
Durante años nos acostumbramos a instalar una aplicación diferente para cada necesidad y es un hecho que muchas de estas aplicaciones funcionan bajo un modelo de suscripción. Algunas ofrecen funciones básicas de forma gratuita, pero reservan las herramientas más útiles para quienes pagan una cuota mensual o anual. En cambio, una IA reúne muchas de esas funciones en un mismo lugar. En vez de aprender a utilizar diez interfaces diferentes, basta con explicar qué queremos conseguir.
Eso no significa que las aplicaciones tradicionales vayan a desaparecer. Cada herramienta tiene sus ventajas, y en muchos casos ambas pueden complementarse.
¿Y qué hay del impacto ambiental?
Uno de los temas que más debate genera alrededor de la inteligencia artificial es su impacto sobre el medio ambiente.
Entrenar modelos de IA requiere enormes centros de datos que consumen grandes cantidades de electricidad. Además, esos servidores necesitan sistemas de refrigeración que, en algunos lugares, utilizan agua para mantener los equipos a temperaturas adecuadas.
Cada consulta que hacemos consume recursos computacionales, aunque una sola interacción representa una fracción muy pequeña del consumo total de estos sistemas.
Esto no significa que usar IA sea necesariamente peor para el medio ambiente que utilizar otras tecnologías. Servicios de streaming, videojuegos en línea, redes sociales, almacenamiento en la nube, criptomonedas y motores de búsqueda también requieren grandes centros de datos que consumen energía de forma constante. La diferencia está en la cantidad de procesamiento que necesita cada tarea.
Afortunadamente, muchas empresas tecnológicas están invirtiendo en centros de datos más eficientes, energías renovables y sistemas de refrigeración con menor impacto ambiental. Aun así, el crecimiento de la IA plantea desafíos importantes para reducir su huella ambiental.
Por otro lado el impacto ambiental no depende únicamente de una tecnología, sino también del uso que hacemos de ella. Una consulta bien aprovechada a una IA puede reemplazar varias búsquedas, evitar instalar múltiples aplicaciones o ahorrar tiempo de trabajo. Del mismo modo, pasar horas consumiendo videos en alta resolución o almacenando miles de archivos en la nube también implica un consumo energético considerable.
En los últimos años, distintos organismos de la ONU, especialmente el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA/UNEP) y la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), han publicado informes analizando el consumo de energía, agua y recursos asociado al crecimiento de la IA.
Sin embargo, la postura de la ONU no es "prohibir la IA". Más bien propone un equilibrio entre innovación y sostenibilidad. Para reducir el impacto ambiental se propone construir centros de datos más eficientes desde el punto de vista energético, alimentarlos cada vez más con fuentes de energía renovable y desarrollar sistemas de refrigeración que consuman menos agua. Además, se busca evaluar el impacto ambiental de toda la infraestructura que hace posible la IA, considerando no solo las emisiones de carbono, sino también el consumo de agua, electricidad y otros recursos. A esto se suma la promoción de normas internacionales que fomenten una mayor transparencia por parte de las empresas sobre el uso de estos recursos y las medidas que adoptan para minimizar su impacto ambiental.
Al mismo tiempo, la ONU también destaca que la IA puede ser parte de la solución a problemas ambientales. Ya se está utilizando para detectar fugas de metano mediante imágenes satelitales, optimizar redes eléctricas, mejorar el uso del agua en la agricultura, monitorear la deforestación y ayudar a predecir desastres naturales.
En conclusión
La inteligencia artificial no viene a reemplazar todas las aplicaciones ni todos los conocimientos que ya existen. Es una herramienta más, y como cualquier herramienta, resulta más útil cuando sabemos cuándo utilizarla.
Para muchas personas, puede significar ahorrar tiempo, simplificar tareas y reducir la cantidad de aplicaciones instaladas en sus dispositivos. Para otras, será un complemento que acelere su trabajo sin sustituir el software profesional que ya utilizan.
Lo importante es comprender sus posibilidades y conocer sus limitaciones, después de todo, la mejor herramienta no es la más nueva ni la más popular, sino la que mejor resuelve el problema que tenemos delante.
En los próximos artículos de este blog compartiré prompts cuidadosamente diseñados para obtener mejores resultados desde el primer intento. Aprender a dar instrucciones claras y precisas no solo permite ahorrar tiempo y mejorar la calidad de las respuestas, sino también hacer un uso más eficiente de la inteligencia artificial, evitando consultas innecesarias y aprovechando al máximo cada interacción.
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